Maquíllate según tu colorido

Como lo prometido es deuda, aquí vamos con la segunda parte de la colorimetría. Les seguiré enseñando sobre cómo el conocimiento de los colores propios puede ayudar a vernos mejor.

Para comenzar, hagamos un pequeño repaso del artículo anterior… ¿Se acuerdan?
Habíamos hablado, en primer lugar, de cómo reconocer qué colores nos potenciaban más basándonos si tendíamos a tonos cálidos o fríos; luego, de manera más específica, a qué estación del año correspondían nuestros colores para ver qué tonos nos iban mejor.

Básicamente los dividimos en 2 tipologías: la primera es la cálida, la segunda es la fría. Dentro de los cálidos encontramos otoño y primavera. La diferencia para reconocer en qué grupo estamos es que otoño aplica si tenemos mayor contraste entre el colorido de piel y pelo y primavera cuando el contraste es menor.

Lo mismo pasa con las personas que tienden a tonos fríos, cuando pertenecen al grupo de invierno, es porque existe mayor contraste entre pelo y piel, mientras que para quienes son verano, pelo y piel tienen menor diferencia. Una vez que nos ubicamos en qué grupo estamos, podemos verificar qué colores nos hacen ver mejor y sacan a la vista nuestros mejores rasgos.

Lo que hoy les vengo a explicar, más que teoría de color, es una lógica de color que les va a ayudar a entender, más allá de aprendernos de memoria, qué colores son aptos para cada caso. Esto lo aplicaremos en corrección de imperfecciones, ojeras, o elección de sombra de ojos, rubor o labios. Vamos por parte…

Existen 3 colores que son base, los llamados colores primarios: rojo, amarillo y azul. Se les llama primarios, porque a partir de ellos se pueden crear todos los demás colores.
Luego, están los colores secundarios que se crean en base a la combinación de los colores primarios.
Rojo + amarillo = naranjo.
Rojo + azul = morado.
Azul + amarillo = verde.

Existe una herramienta, la rosa cromática (que me imagino que más de alguna recuerda del colegio), que en el centro ubica los colores primarios; luego, en una segunda rueda hacia fuera, los secundarios ubicados justamente sobre los colores que lo componen y de ahí en adelante, se descompone en tonos más específicos, pero que vienen de la misma base inicial.

Una vez comprendido esto, debemos entender el concepto de los colores complementarios. ¿Por qué nos importan? Porque su manejo es indispensable para lograr contrastes, matices y oscurecer colores apropiadamente. Los colores complementarios son los que están opuestos en la rosa cromática.

El complemento de un color primario, siempre será un secundario y lo mismo viceversa. Lo podemos ver de más simple en este esquema:

En este diagrama, vemos las tres parejas principales de colores complementarios:
Amarillo – Morado
Azul – Naranjo
Rojo – Verde

Para entender la lógica de aplicación hay que ver de cada color cuál es el que le falta de la base de los tres primarios.

Por ejemplo: si tengo verde (azul + amarillo), me falta el rojo, por ende, ese será su color complementario; si tengo amarillo, me falta rojo y azul que hacen morado, entonces el morado complementa al amarillo.

¿Para qué sirve entender los colores complementarios? Porque si se ponen uno junto al otro, se intensifican, pero si se pone uno sobre el otro, lo neutraliza.

Les doy un ejemplo para hacerlo más simple: si tengo ojos verdes, una sombra color bronce (que es un dorado rojizo) va intensificar el color, porque el rojo es complementario del verde. Ahora, si tengo un granito rojo o piel sensible, la mejor forma de bajar el color es aplicarle corrector verde, porque lo neutraliza.

En resumen, colores complementarios uno junto al otro, se potencian; uno sobre el otro, se neutralizan. Esto nos ayuda en todo sentido como lógica de maquillaje y corrección.

Imagínense el típico caso de Kenita Larraín. Tiene unos increíbles ojos celestes y siempre se maquillaba con ese color. ¿Qué pasaba? NADA, porque sólo se ve una gran mancha celeste. Cuando Kenita entendió esto y lo cambió por un dorado o café anaranjado, empezó a verse mucho mejor y el color de sus ojos se destacó más.

Pero volvamos a lo nuestro. Para aplicar los colores complementarios a la corrección, no basta con decir que tenemos ojeras, sino que hay que identificar qué tipo de ojeras son. Hay ojeras moradas, más azules, verdes o despigmentadas. Dependiendo de eso vemos con qué color bajar su intensidad. Aplicando lógica de color, debiera ser de esta manera: ojeras moradas se bajan con correctores amarillos; ojeras azulosas, con tonos más anaranjados y si tenemos ojeras despigmentadas, sólo hay que aplicar la base intensificando esa zona para emparejar, ya que hay una ausencia de color.

Si el tema son las sombras, usamos la lógica de color para generar contraste y destacar el color de nuestros ojos.
AZULES: Si tenemos ojos azules o celestes, nos dan más vida los colores  anaranjados, los cafés y dorados.


VERDES: Buscamos colores más rojizos y rosados; incluso hasta un poco morados podrían funcionar.

Seguro que se van a preguntar qué pasa con los colores café, marrón, miel, pardo, negro, etc. Lo primero es identificar que los ojos nunca son 100% de un color, busquemos las tonalidades que tenemos y con eso veamos cómo intensificar. Hay ojos cafés que tienen más amarillo y otros más verde, por lo que de acuerdo a ello, pueden ir privilegiando los colores des sombras; en el caso del amarillo, morado o violeta; del verde, rojizo, ciruela, rosado, por ejemplo.

De todas maneras, quienes tienen los ojos oscuros tienen un plus y es que tienen una gama mucho más amplia de colores, ya que casi todos les quedan bien. En este caso revisemos el tono de piel y apliquemos colores con respecto a eso también. Por ejemplo, si una persona es muy morena, de ojos oscuros y se aplica sombra café, se opaca. Sería ideal aprovechar y encender con algún otro color que genere más luz y juego de color.

Recuerden aplicar lo aprendido en el post anterior, con respecto a las generalidades de tonos que cada una tiene, como punto inicial para combinar un buen maquillaje.

Es hora de que apliquemos esta lógica de color en nuestras vidas, para vestirnos, corregir nuestras imperfecciones, maquillarnos y resaltar.

De todas maneras, no se tomen todo al pie de la letra, siempre hay un rango en que podemos jugar con el color, pero para eso debemos entender bien cual es ese límite. Está en nosotras aprender a brillar con luz propia. ¿Qué les parecieron estos nuevos datos?

Ferni Villalobos

Columnista

37 años, diseñadora, profesora y maquilladora. Hago libros, diseño exposiciones, practico yoga y juego con mi perro. Tengo piel mixta a grasa. Me encanta maquillarme porque puedo variar día a día y sentirme distinta jugando y probando cosas nuevas. Mis temas favoritos son: color, limpieza y tendencias.